Un día un hombre se levanta con un humor extraño. Se ha quedado sin trabajo. No puede pagar el alquiler y lo están por desalojar. Mira las cortinas, las encuentra sucias y por eso piensa en golpear a su esposa. Se contiene. No es eso. No son las paredes. No es la esposa. Ni el trabajo, ni el desalojo.
Es el pasto.
El pasto, con su silenciosa existencia, su insoportable verdor y -sobre todo- su desfachatada lentitud para crecer. Piensa en amenazar al pasto para que crezca de una vez por todas (no de a poco, no lentamente, sino todo de golpe), o deje de crecer para siempre. Por eso, llena una regadera con kerosene y, blandiendo un encendedor, dice como distraído: "vamos a regar este paaaaaaaaaasto" para ver si reacciona. Pero el pasto, desvergonzado y sarcástico, se mantiene en silencio, creciendo a ese ritmo al que crece el pasto, moviendo sus hojas insolentes al viento, como si revoleara las patas mientras se ríe.
La mujer encuentra a su marido con la regadera, a punto de asesinar al pasto y entiende la escena. "Vamos, Roberto, vamos. Dejalo tranquilo, ya se va a pudrir solo". Toman unos mates y lo convence para que busque una solución por internet.
Viaje a Cuzco
Hace 10 años.








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sea quien sea quien halla buscado esto, mejor seria para todos que se busque un buen psicologo.
Ahora esto es apabullantemente ingenioso. Muxo Mux!!
Igor
Yo no sabría decir que es mejor....si la pregunta o la respuesta....¿el huevo o la hueva?
que geniales sois........Tere Marin
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