martes, 8 de julio de 2008

reglas de un trabajador en el baño

1. No olvide que usted está trabajando y que cada segundo que pierde haciendo evacuaciones, su patrón se priva de ganar preciosos centavos. Por lo tanto, sea breve.

2. Ninguna actividad de tocador puede llevar más de veinte segundos. Asegúrese de entrar al baño únicamente cuando ya no se aguante, cuando sus necesidades están -como se dice vulgarmente- "en puerta".

3. Estar sentado en el inodoro buscando inspirarse para dar forma a su evacuación, es una especie de cómodo recreo. De modo que cada instante en que está en el baño será descontado de su sueldo.

4. No es bien visto que usted defeque en el inodoro. El consejo directivo puede interpretar eso como una actitud hostil hacia la empresa. Si piensa defecar, comuníquelo a su supervisor veinte días antes por medio de un escrito que evaluaremos oportunamente.

5. El orín tiene mal olor y deja sarro en los mingitorios. Debido a que su evacuación exige un gasto extra en limpieza, le descontaremos de su sueldo un pequeño porcentaje por ello.

5. Vomitar en el inodoro se considera una afrenta. Hágalo en su propia ropa, o en alguna bolsa que usted habrá traído a tales efectos.

6. En nuestra empresa no está permitido que las mujeres menstrúen. Por eso, los baños no cuentan con cestos para residuos femeninos. De hecho, no hay baños de mujeres.

7. El agua que sale del lavamanos es un bien precioso que nos pertenece a todos. Por eso, para evitar el derroche, cada centímetro cúbico que salga de las canillas será descontado de su salario. En algunas sucursales no hay agua.

8. Cualquier intercambio de palabras con un ocasional compañero de mingitorio constará en su legajo como "insubordinación", "conspiración" y "subversión". Las revoluciones más sanguinarias se gestaron entre dos desconocidos en un tugurio oloroso y mal iluminado, mientras hablaban de otro tema. Aunque usted no lo crea, de "qué mal jugó Atlanta hoy" a "vamos a decapitar al directorio" hay un solo paso. Evite hablar de su equipo favorito.

9. El espejo no está allí para que usted se mire en él. Su apariencia no es importante; termine de hacer lo suyo y salga raudamente. Que su rostro esté más demacrado o su joroba haya crecido no son suficientes motivos para perder el tiempo frente a su reflejo.

10. Para hacer cumplir estas reglas, en cada baño de nuestra sucursal hay un ejército de 20 (veinte) hombres armados, ansiosos por meter su cabeza en el inodoro ante cada falta por más leve que sea, pero razonables con quienes son reacios a esa mala costumbre de evacuar cosas feas por las partes pudendas.

3 buscadores apelaron:

The Bug dijo...

Permítame una pregunta, Sr. Mux.
¿Los 20 hombres armados están ansiosos de meter sus propias cabezas en el inodoro o entre los 20 quieren meter la mía?
Digo, pregunto porque el cambio de óptica es interesante, ¿no?

Jorge Mux dijo...

Los hombres armados se pelean por meter su propia cabeza en el inodoro, claro.
Hay un único inodoro y son veinte tipos. Es complicado.

Elizabeth Auster dijo...

Me recuerda a la redacción donde trabajaba Karmelo Restelli. Y a varias cadenas de supermercados en las que el reglamento general no tiene casi nada que envidiarle a este post.