Hace unos días, luego de la advertencia de unas amigas, hice en Google la búsqueda "¿es cierto que no debo inaugurar un negocio en martes o un viernes?".
La consulta se debía a que hace unas semanas inauguré mi nuevo salón de belleza y pensaba hacerlo o el martes o el viernes.
Yo no creo en eso de la mala suerte ni en las desgracias que pueden ocurrirte cuando le llevás la contra a estos ritos y costumbres paganas.
Sin embargo busqué y no encontré nada.
A pesar de los ruegos de mis amigas, yo les dije que no, que no insistieran, que no importaba.
Para demostrarme a mi misma que no le temía a la mala suerte, hice pasear frente al local a un gato negro, rompí uno de los espejos que uso para que las clientas miren su peinado, eché sal sobre mis hombros y no sólo eso, sino que lo de la sal lo hice pasando por debajo de una escalera.
Ninguna de mis amigas vino a la inauguración, lo que yo tomé como un capricho miedoso.
La inauguración estuvo bárbara, el negocio camina y progresa y nada de lo que haya pasado fue malo. Excepto que mis amigas no estuvieron.
Ayer me crucé con una de ellas.
-Al final, tanto martes y tanto viernes, la inauguración estuvo buenísima- le dije medio ofendida.
-¿Y por qué iba a tener que pasar algo malo? -respondió sorprendida.
-¿Y por qué no querían que la haga martes o viernes, entonces?
-Porque el martes teníamos entrada para un recital de José Luis Perales. Y el viernes nos fuimos en patota al casino, como habíamos arreglado hace tres semanas. ¿Te acordás?
Confirmado, Google, hoy no busco, hoy te confirmo: es cierto que no debo inaugurar un negocio en martes o un viernes.