- Señor intendente, el incendio es terrible. Ya fueron todas las dotaciones de bomberos y no logran sofocarlo.
- Escúcheme, capitán, ¿no quedan más bomberos? ¿No le queda ni una dotación, aunque sea chiquita?
- Bueno, intendente, la verdad es que hay una más, pero no nos sirve de mucho.
- ¿Por qué? Un grupo de bomberos es siempre útil. ¿Cuál es el problema?
- Bueno, estos hombres pertenecen al cuerpo de bomberos castrados.
- ¿Cómo dice?
- Lo que oyó. Son una asociación de hombres castrados que se hicieron bomberos.
- ¡Bueno, mándelos, por favor! ¡El incendio es terrible!
- Hay un problemita, señor intendente. No tenemos ropa para ellos. Tienen que ir a combatir el fuego desnudos.
- ¿Desnudos? ¿Pero no tienen... no sé... una remerita, un calzón?
- Nada. No hay ropa. Son tremendamente pobres.
- Bueno, que vayan desnudos... Por el amor de Dios...
- Y están bastante desmoralizados, señor intendente. Imagínese. Estar castrado, no tener ropa.
- Bueno, bueno. Déjeme pensar. ¡Ya sé! Déles ánimo. Una frase de aliento vendría bien.
- ¿Qué tal "Pongan huevo, señores"?
- "¿Pongan huevo?" ¿No son castrados?. ¡Por favor!
- Y... No se me ocurre nada.
- Déjeme a mí, capitán. Yo voy a pensar alguna frase de aliento. Es más, esa frase va a ser el titular del diario, y en más de un blog van a escribir una reseña con esas palabras.
Viaje a Cuzco
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