¡Son unos vivos bárbaros!
Yo quería ser chef, pero los de la Academia de Cocina pensaron que debía empezar desde abajo. Desde pinche o ayudante de cocina.
Ya la cosa no me gustó, pero por lo menos iba a aprender algo relacionado con lo que me gusta: cocinar.
Sin embargo caí en la cuenta de que a mí no me iban a dejar los wok y las cacerolas para hacer un lomo strogonoff o unos fideos al pesto siciliano. No. ¡Me daban los utensilios y los vegetales para lavar!
¡Yo les hacía el trabajo sucio, y el estudiante de chef se llevaba todos los créditos preparando un plato delicioso gracias a MI esfuerzo!
Pero hete aquí que encima, encima, para ser un simple ayudante me tomaron un examen, ¿y saben qué? ¡No me dieron las respuestas!
¡Dijeron que yo tendría que haber estudiado!
¡Qué insensatez, dios mío!
Ahora hay que estudiar para todo, hasta para lavar las cacerolas quemadas o cortar el perejil. ¡Bien que mi abuela amasaba ravioles todo el domingo y después limpiaba las ollas y los platos toda la tarde como una enajenada, y no estudió nunca en su vida! Y a pesar de eso salimos todos sanitos y felices.
Pero a mí no me van a agarrar, ¿eh?. Voy a buscar alguna academia de cocina seria en la que no tomen examen. Y si me toman examen, que por lo menos me den las respuestas. Y si no me las dan, que al menos dejen que me copie. Y si no me puedo copiar, que por lo menos pueda escribir lo que a mí me parece. Y si no me aprueban, que al menos me dejen echarle cianuro al agua para hervir los fetuccini.
Viaje a Cuzco
Hace 10 años.








