jueves, 20 de noviembre de 2008

el coleccionista de relojes extraordinarios

F. Bernhard fue acunado por los rítmicos tictacs en el taller de su padre, el relojero de una pequeña aldea de Austria. Su destino siempre sería marcado por el lento fluir del tiempo entre los engranajes.
A la luz de las lámparas de aceite, aprendió el oficio familiar y a amar los tan intrincados como maravillos mecanismos de relojería.
A una edad infrecuentemente temprana se convirtió en maestro relojero.
Su maestría no le reportaba holgura económica; simplemente le permitía devolver a los relojes el afecto que sentía por ellos.
Sin darse cuenta, empezó a dar forma a una colección de relojes extraordinarios.
Luego de la muerte de su padre, cuando ya tenía a su cargo algunos oficiales y aprendices que podían reemplazarlo, salió a recorrer el mundo.
Su colección creció entonces en cantidad y singularidad.
Obtuvo por monedas, de manos de quien no sabía apreciarlo, un reloj chino que indicaba, cuando las manecillas se besaban en las doce, el momento exacto en que florecían los jazmines.
Acompañando una caravana en Egipto halló otro cuya vuelta completa no era la mitad un día, sino la vida completa de una persona.
Un reloj adquirido en India llevaba la cuenta de los momentos perdidos y consiguió también allí un reloj sin mecanismos que contaba las horas que restaban para reencontrarse con el ser amado.
Cuando volvió a su pueblo, ya anciano, su colección apenas cabía en el viejo taller y ella adquirió una fama jamás alcanzada antes ni después por inventario alguno.
Cuando tomó conciencia de que pronto sería su hora final, según sus relojes, despiezó su colección y distribuyó los relojes entre quienes lo merecían y sabían apreciar su belleza y darles uso, utilizando el justo criterio de quien actúa con amor.
Así, garantizaba que su colección se mantuviera viva, aunque repartida en decenas de hogares y con ella él también seguiría viviendo un poco, incluso después de haber partido.
Cuando llegó su hora, él no murió.
Simplemente, su péndulo se detuvo.

15 buscadores apelaron:

Tati.- dijo...

Clap, clap, clap!!!!!!

Excelenteeeee!!!

Uno de los mejores post del año, sin ninguna duda.

"Su destino siempre sería marcado por el lento fluir del tiempo entre los engranajes..."

Sencillamente, impecable!!

pd: Si encuentra el relojito indio... lo compro ya!!!

Anónimo dijo...

Excelente post, relojes extraordinarios pero peligrosos, sin ninguna duda...

Anónimo dijo...

Excelente post, relojes extraordinarios pero peligrosos, sin ninguna duda...

Elizabeth Auster dijo...

Muuuuuuuuuuuuuy bien!
La frase que cita Tati sumerge al lector en un viaje apacible y hermoso.

The Bug dijo...

Gracias Pablo(yo)!
Gracias Pablo(yo)!

Tati, agradezco tus exagerados conceptos.
Simplemente hoy no tenía ganas de escribir algo gracioso.
Sin embargo, que a usted le parezca el mejor post del año uno que no tiene nada que ver con la escencia del blog me da mucho que pensar...
Al reloj indio, no lo busque por Google, yo ya probé...

The Bug dijo...

Gracias Elizabeth.

(Hoy, a diferencia de otros días, me veo en la agradable obligación de responder todos los comentarios de este blog.
O estoy sufriendo un importante cambio hormonal o me estoy volviendo viejo.
Bueno, si, ya se, es casi lo mismo)

Eric dijo...

A veces es interesante el cambio de enfoque. No conocía ese lado de literato suyo, The Bug. Mis reverencias.

Jorge Mux dijo...

Comparto las apreciaciones de todos los comentaristas: un post antológico.

Jorge Mux dijo...

Un reloj extraordinario es el "reloj espín", cuyas agujas sólo marcan la misma hora cuando dan dos vueltas completas.

The Bug dijo...

Nevermind, en realidad me resulta intuitivo trabajar desde el humor y me garantiza mantener una mediana alacena llena de ideas, aunque cuando tengo tiempo también me gusta abordar otras cosas.

Por ejemplo: mujeres.



(esposa de Bug, ¿se entiende que esto es una broma, verdad?)

The Bug dijo...

Jorge, vaya a atienda como corresponde a su esposa en vez de estar acá perdiendo el tiempo dejando comentarios.
No hay nada malo en lo que dice, al contrario.
Pero créame, está en serios riesgos de que su esposa le machaque la cabeza durante el resto de su vida con que los últimos momentos previos al parto usted se lo pasó boludeando en la computadora.
Piense que son los estertores de su pronto antigua vida donde usted dependía de si mismo y no de una cosita que todavía no puede ni pararse sola pero ya lo lleva de las narices.

gabrielaa. dijo...

lo de Mux no me extraña: recuerdo el relato de *otro* episodio ginecológico que incluía los últimos pesos gastados en fichines...

gabrielaa. dijo...

ah, total que me olvidaba:

aplausos, The Bug!!!

checly Sebastian.Frontino dijo...

Tremendo!! Se fue al carajo.
Excelente

The Bug dijo...

Gab, ¡qué paciencia la de la señora esposa de nuestro amigo!

Checly, usted habla de Tremendo, pero los que la rompían eran los de Menudo.
Un abrazo.