Todos saben cómo tener cuadros, pósters y portarretratos: se compran en subastas, en kioscos; se reciben como souvenir o como regalo del día del padre. Y luego se los pega en la pared -si se trata de cuadros y pósters- o se los deja sobre un modular -si se trata de un portarretratos. Los cuadros exigen ciertos cuidados especiales, de acuerdo al material con el que fueron pintados, y para ello nada mejor que consultarlo con el vendedor. Los pósters, en cambio, no requieren mayor atención y cuando se comienzan a ajar -o cuando el ídolo que representan deja de ser famoso-, conviene tirarlos. A los portarretratos es conveniente cambiarle la foto cada tanto.
En el peor de los casos (si no se quieren exhibir), uno puede guardar los cuadros en un cajón o detrás de un placard. Los pósters pueden enrollarse y dejarse verticalmente en cualquier rincón. El portarretratos puede ir sin contemplaciones a la basura. También puede servir como ocasional proyectil para arrojar al vendedor que viene a ofrecernos bolsas de consorcio.
Ahora bien, ¿sabe usted cuál es la manera correcta de tener cuadritos?
Si creía usted que los
tips dados más arriba sirven también para los cuadritos, está equivocado.
Un cuadrito no es lo mismo que un cuadro. Y tener un cuadrito requiere de la más alta preparación técnica y psicológica. Me atrevo a decir -por si usted no lo sabía- que tener un cuadrito requiere de más responsabilidades que un hijo.
Por empezar, usted no puede andar colocando el cuadrito y desentenderse. No.
Los cuadritos son demasiado chicos como para colgarlos y listo.
Cada mañana, usted debe señalar el cuadrito y hablar de él al resto de su familia, porque el cuadrito no llama la atención por sí mismo (debido a que es demasiado chico)
A su vez, para que el cuadrito no quede solo en la intemperie de una pared enorme y vacía, usted debe acompañarlo con otros cuadritos. Debe hablar del resto de los cuadritos, resaltando el cuadrito inicial, del cual contará una historia diferente cada vez que sea necesario. Incluso cuando no haya gente: a los cuadritos, igual que a las plantas, hay que hablarles. Si usted nota que el cuadrito se ensucia o sus colores se desgastan, debe llamar a un médico de cuadritos. A los seis años, un inspector de cuadritos pasará por su casa para verificar que usted es idóneo en eso de tener cuadritos. Deberá contratar a un maestro particular que le enseñe a leer y escribir a los cuadritos. Y nunca, jamás de los jamases, deberá deshacerse de él o esconderlo: un cuadrito es algo que se tiene para toda la vida y se exhibe sin vergüenza ni pudor, aun cuando represente figuras pornográficas o sangrientas.
Por eso, piénselo dos veces y asesórese antes de tener cuadritos.
(Nota: esta búsqueda apunta a este mismo blog)