Nunca lo había sospechado hasta hoy.
"Carlitos, gracias a vos vamos a salir adelante", me decía el jefe, dándome cínicas palmadas en el hombro. "Sos el joven estrella de la empresa, Carlitos, seguí así", repetía en las reuniones de directorio.
Y yo empecé a ascender porque no supe interpretar las señales.
Pero hoy me invitó a almorzar a su casa de campo, con su familia. Un asadito al lado de la pileta y cerca de los árboles y las flores.
Todo venía bien hasta que me sirvió la comida. "Tengo guardado el mejor pedazo para vos, Carlitos", dijo con sarcasmo.
A su mujer le dio un pedacito de pollo.
A su hija (que es vegetariana) le dio un zucchini con morrón.
A mí me dio un trozo de vacío.
(Esta entrada apunta a este mismo blog)
Viaje a Cuzco
Hace 10 años.








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Prepárese para ser achurado.
Qué ganas de amargarse. Si el vacío es de ternera y con la sal justa...
Y? que no se queje
mi jefe, una palmadita y gracias!
Este Carlitos siempre ve el vaso medio vacío...
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